sábado, junio 22

Joan Donovan: Una investigadora acusa a Harvard de rendirse ante Meta: “Mi despido coincidió con una donación de Zuckerberg, la mayor de la historia” | Tecnología

La profesora Joan Donovan era desde 2018 la directora de Investigación del Centro Shorenstein de la Kennedy School de la Universidad de Harvard. Su labor era dirigir un equipo de investigadores sobre desinformación y campañas de manipulación en redes y lograr fondos para sus proyectos. Todo iba aparentemente bien hasta que el Wall Street Journal empezó a publicar en septiembre de 2021 una serie de artículos con documentos internos de Meta, filtrados por la exempleada y “garganta profunda” Frances Haugen.

Joan Donovan logró una copia de los miles de documentos que Haugen había sacado de Meta. Quería ordenarlos y publicarlos en una página web llamada Facebook Archive en Harvard. Entonces empezaron los problemas. Una reunión en octubre de 2021 con su superior, el decano Douglas Elmendorf, y otras personalidades, entre ellos un ex cargo de Facebook, fue el punto de inflexión: “En esa reunión, cuando un ejecutivo de Facebook se enojó conmigo, algo cambió en la Kennedy School, donde luego me convertí en una outsider y me pusieron a la defensiva no solo para explicar mi investigación, sino para explicar mi investigación específicamente sobre Facebook”, dice Donovan por videoconferencia a EL PAÍS.

En aquella reunión, Donovan dijo que los documentos filtrados por Haugen eran “los más importantes de la historia de internet”. Solo unos días después, Donovan recibió un correo de Elmendorf para “discutir sus investigaciones”: “Desde aquella reunión mi estancia en Harvard no ha sido fácil”, dice. En 2022, a Donovan le comunicaron que no iba a seguir en su cargo. En febrero de 2023 se hizo público y acabó saliendo en agosto. El pasado mes de diciembre, Donovan denunció a Harvard porque cree que la universidad se ha doblegado a la voluntad de Meta: “Mi historia es un poco complicada, pero la forma en que me gusta explicarla es que Elmendorf tiene una relación muy larga con diferentes ejecutivos de Meta, particularmente Sheryl Sandberg [número 2 de Meta hasta junio de 2022]. Lo que no sabemos es hasta qué punto Facebook o Meta lo presionaron para que detuviera mi investigación”, reconoce. El contrato de Donovan como profesora duraba hasta diciembre de 2024.

500 millones en 15 años

La historia de la salida de Donovan por presuntas presiones de Meta a su decano tiene otro hito en diciembre de 2021: la donación más grande de la historia de Harvard. La Iniciativa Chan Zuckerberg, del matrimonio entre Priscilla Chan y Mark Zuckerberg, donará a la universidad 500 millones de dólares durante 15 años. “Cada vez resulta más claro que los donantes tienen una influencia indebida sobre Harvard. Mi expulsión coincidió con la donación más grande en toda la historia de la universidad. Pero el dinero no llegará de repente, sino durante 15 años. Así, Facebook ha adquirido ya 15 años de prestigio e influencia sobre la marca universitaria más grande del mundo”, explica Donovan. Para sus investigaciones, Donovan había reunido 12 millones, lo que es una cantidad considerable y que Harvard aún conserva más de 3 en su poder. “Espero que se lo devuelvan a los donantes para que los repartan de nuevo”, afirma la investigadora.

Meta no ha comentado esta información y la Iniciativa Chan Zuckerberg ha emitido un breve comunicado donde dice que su donación no tiene nada que ver con estos hechos.

El texto de la denuncia de Donovan, lleno de mensajes con Elmendorf y otros profesores, compara las prácticas de los dirigentes de Meta, primero, a “servicios de inteligencia extranjeros o empresas delictivas organizadas” en sus esfuerzos sigilosos de influencia. Y segundo, a la industria del tabaco y del petróleo: “Si miramos el campo de los estudios de internet y observamos quién recibe financiación para qué tipo de investigación, Facebook claramente está dando millones de dólares a investigadores en un esfuerzo por reforzar la cobertura positiva de sus plataformas. Y luego entre los investigadores que les critican ha habido diferentes casos en los que Facebook ha intentado influir en la publicación o conseguir que los académicos no publiquen. Por eso es muy similar al manual de la industria del tabaco, de las grandes petroleras y farmacéuticas. En términos de utilizar la universidad como una forma de relaciones públicas para la compañía”.

Este verano un grupo numeroso de reconocidos investigadores publicó una serie de artículos en las prestigiosas revistas científicas Nature y Science en colaboración con empleados de Meta. Donovan cree que es un proyecto dudoso y de poco alcance: “No puedo llamarlos verdaderamente científicos porque los investigadores lo que hicieron fueron hacer preguntas a Facebook y luego los investigadores de Facebook les dieron una interpretación de los datos, así que los investigadores que eran independientes nunca vieron los datos. En mi opinión, cuando haces una investigación científica, debes recopilar tus propios datos”, asegura. Además, Meta aprovechó el proyecto para presumir de los resultados de una forma sesgada, según Donovan: “Facebook sabía que la mayoría de la gente no iba a leer los artículos completos. Meta publicó un comunicado de prensa afirmando que el estudio demostró que no había problemas con sus algoritmos ni con la radicalización en sus productos”, añade.

La respuesta de Harvard

La Universidad de Harvard niega las acusaciones de Donovan con el argumento de que ese proyecto de investigación requería la supervisión de un profesor universitario (Donovan era contratada). Y no lo encontraron, según una portavoz de la institución: “Después de que ese esfuerzo no tuvo éxito, se dio más de un año para que el proyecto [de Donovan] finalizara. Joan Donovan no fue despedida y la mayoría de los miembros del equipo de investigación optaron por permanecer en la escuela en nuevos roles”.

Hoy Donovan es profesora en la Universidad de Boston, aunque Harvard es la propietaria intelectual de su investigación estos años. La denuncia de Donovan persigue en parte la recuperación de su tarea académica para seguir trabajando en su nuevo centro.

Donovan aclara que fácilmente habría encontrado un nuevo responsable académico de sus investigaciones. Harvard alega también que el célebre Facebook Archive con los documentos de Haugen está online, como Donovan pretendía. El archivo es, sin embargo, muy distinto al proyectado por Donovan. El buscador permite buscar por palabras clave y el sistema devuelve simplemente las diapositivas donde salen. Pero son capturas sueltas, cuyo contexto es difícil de discernir. La investigación del Journal llevó varios meses de trabajo de un puñado de periodistas: “Harvard me quitó el proyecto del archivo de Facebook. Lo publicó, pero es casi inservible. Es difícil de navegar. Mi visión era crear una base de datos que permitiera la colaboración internacional y la comprensión de esos documentos. Varios gobiernos en todo el mundo están tratando de comprender la influencia negativa de Meta sobre los adolescentes y los usuarios más jóvenes. Meta sabía que hay problemas con Instagram y no hicieron nada al respecto”, explica Donovan.

Otra preocupación sustancial de Donovan es sobre la libertad de cátedra. Cuando el decano le anunció el fin de su proyecto, le advirtió de que no estaba protegida por la libertad académica: “Hay unos 6.000 investigadores en Harvard que publican y que están en la misma situación que yo. Y nadie que publique investigaciones polémicas va a hacerlo si su universidad no lo protege. Si me quedaba en Harvard, publicaba estos papeles de Facebook y me demandaban, estaba sola”, dice Donovan.

El palabrerío de Meta

La investigadora cree que su denuncia, hecha a través de Whistleblower Aid, una organización que ayuda a personas que buscan protección para revelar secretos empresariales y que ya colaboró con Haugen, es solo un ejemplo de algo que Meta hace cuanto puede: “Mi historia es solo una pequeña pieza de este gran rompecabezas en el que tenemos que entender cómo esta compañía y otras están configurando nuestras instituciones para que no haya regulación y no haya una investigación clara sobre los verdaderos daños causados por estas plataformas para la sociedad”.

La experiencia de Donovan en otros casos le lleva a sospechar aún más: “Lo que sé sobre las estrategias de relaciones públicas de Meta para intentar matar ciertas noticias es que no empiezan con el periodista para convencerle de que su historia no tiene validez. Empiezan por arriba, empiezan con la junta directiva del medio. Así que no me sorprendió cuando una semana después de la reunión, me llega un correo del decano que repetía todo el palabrerío de relaciones públicas de Facebook”, explica.

Meta no es la única de estas plataformas que puede causar más o menos inadvertidamente daños sociales. Para Donovan, la diferencia es qué hacen cuando saben que sus productos tienen defectos: “Todas estas tecnologías causan tipos de daños similares, pero lo que la empresa hace al respecto es tan importante como el diseño de la propia tecnología. Y si la empresa encubre u ofusca el impacto de sus productos en la democracia o la salud pública, entonces necesitamos profundizar para comprenderlo y explorarlo mejor, porque la propia empresa no lo va a hacer”, añade Donovan.

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