miércoles, abril 17

Ibán García del Blanco, negociador de la ley europea de inteligencia artificial: “Hemos dado un golpe encima de la mesa” | Tecnología

Ibán García del Blanco (León, 1977) ya puede decir que ha hecho historia en Europa. El socialista fue el único eurodiputado español que participó en las maratonianas negociaciones a puerta cerrada, casi 37 horas, las más largas de este tipo de reuniones en la historia de la UE, que en diciembre permitieron acordar la primera ley de inteligencia artificial completa del mundo. Una norma que busca sobre todo que los modelos fundacionales de inteligencia artificial (IA) generativa que puedan suponer un riesgo sistémico no vulneren los derechos fundamentales. Un esfuerzo que mereció la pena. “Era ahora o nunca”, subraya en entrevista con EL PAÍS en Bruselas, donde ahora se está supervisando el enunciado final de la ley. Deberá estar lista y traducida a los 24 idiomas oficiales de la UE en las próximas semanas para que la Eurocámara y los Estados puedan ratificarla antes de la disolución del hemiciclo de cara a las elecciones europeas de junio.

Pregunta. ¿Por qué tanta prisa para cerrar la ley de IA?

Respuesta. Desde la perspectiva de la defensa de nuestros derechos, principios y valores, era importante que tuviéramos cuanto antes las regulaciones. Había un riesgo moral en no tenerla, necesitamos proteger situaciones que son especialmente vulnerables con la utilización de este tipo de tecnología. Y sabíamos que el tiempo se acababa, que solo se podía aprobar hipotéticamente durante la presidencia belga [este primer semestre de 2024]. Además, la presidencia española llevaba mucho tiempo preparando esto, tenía un expertise acumulado que en la práctica era imposible de reproducir con otro negociador. Y está el prestigio internacional de la UE: si hubiéramos tenido un fallo en esto, habríamos hecho un ridículo de carácter internacional. De la misma forma que creo que hemos dado un golpe encima de la mesa y que hemos dicho aquí está Europa, si no hubiéramos sacado adelante esta norma, después de las expectativas que habíamos generado, después de que muchas regiones del mundo estén mirando hacia nosotros, entre otras Estados Unidos, con respecto a cómo regulamos algunas cosas, habríamos sido un hazmerreír. Y probablemente hubiéramos puesto en cuestión el propio modelo democrático interno de la UE. Así que todos sabíamos que era ahora o nunca.

Si no hubiéramos sacado adelante esta norma habríamos sido un hazmerreír

P. Todavía hay quienes defienden la autorregulación del sector.

R. Tenemos la experiencia acumulada de lo que ha ocurrido en el sector tecnológico en las últimas dos décadas: no poner normas, pretender que se autorregulen es, de alguna manera, un poco ingenuo y produce enormes desequilibrios. Tenemos muchas pruebas y, de hecho, estamos intentando desandar algo del camino, con leyes como por ejemplo la de servicios digitales, o la de mercados digitales. En el caso de la IA, estamos ante una materia que tiene un riesgo intrínseco como no hemos conocido hasta este momento. Necesitábamos herramientas adicionales.

P. La UE se ufana de ser pionera en legislar la IA. ¿No le preocupa equivocarse en algo en lo que, además, se está legislando hacia el futuro, sobre cosas que ni siquiera existen aún?

R. Es verdad que es el único texto legal que ahorma el concepto desde una perspectiva absoluta, generalista, horizontal y completa, por lo menos lo pretende. Y para alguien que, como yo, viene del mundo del derecho, en el que hay una regla máxima, la certeza jurídica, es un reto pensar en una regulación que por naturaleza va a tener que ser flexible y adaptable a nuevas realidades, lo que es, en sí mismo, un anatema. Pero hay que acomodar la cabeza a las circunstancias en las que estamos, no creo que la IA vaya a ser la única materia en la que necesitemos una regulación que se pueda adaptar a nuevas realidades o mutaciones. Por eso ha sido muy inteligente aproximarse a la regulación desde la perspectiva, no de la tecnología en sí, sino desde la perspectiva del uso, porque eso sí que nos permite establecer reglas generales, inmutables en el tiempo. Además, es una gran ventaja competitiva que algunos valores tengan importancia en la regulación también de otros países y, por supuesto, en ese segundo paso en el que tenemos que estar inmersos ya, que es el establecimiento de un marco también internacional, colectivo.

García del Blanco, durante la entrevista.
García del Blanco, durante la entrevista.Delmi Alvarez

P. 2024 es un año superelectoral, casi medio planeta está llamado a las urnas. Y se señala la IA como uno de los elementos de riesgo de cara a la desinformación y manipulación de la opinión pública. ¿Llegamos tarde con esta ley, que solo se aplicará totalmente a finales de 2026?

R. El derecho, por sistema, normalmente llega después de que la realidad exista. No siempre es así, hay veces que se adelanta y en ese sentido crea por sí mismas realidades sociales y físicas, como sucedió en España con la ley de matrimonio homosexual, pero en general siempre va detrás. En una tecnología además que va tan rápido, es casi inevitable que vayamos detrás intentando cubrir los huecos que se van generando durante el camino. Pero aquí no nos va a ocurrir como con el fenómeno de las puntocom o el de las grandes plataformas generadoras de contenidos, que estuvieron prácticamente sin ningún tipo de control, sin ningún tipo de exigencia, pagando cero euros de impuestos y ganando enormes cantidades sin que tuvieran un mínimo nivel de exigencia. Esto no nos va a ocurrir más.

Pretender que se autorregulen es un poco ingenuo y produce enormes desequilibrios

P. ¿Hemos aprendido entonces algo?

R. Yo diría que sí, diría que el mundo también es consciente de que necesitamos normas. Lejos de generarse desequilibrios porque una determinada región opte por no regular, creo que la realidad de la política internacional en este momento apunta a que vamos a tener muy pronto regulaciones muy similares a las europeas y sobre todo un marco internacional de exigencias mínimas muy parecidos a los valores que intentamos aquí proteger.

P. The New York Times ha demandado a OpenAI y Microsoft por cuestiones de derechos de autor, una de las claves de la ley europea. ¿Se sienten ratificados?

R. El derecho de propiedad intelectual en Estados Unidos o en el Reino Unido es menos protector, deja más cosas al albur de los tribunales. Nosotros lo que queríamos precisamente era dar a los titulares de los derechos, que en el fondo son los que generan riqueza, que es la gente que genera creación, la posibilidad de saber a punto cierto si sus contenidos han sido utilizados sin autorización y eso es lo que prevé la ley. En ese sentido, es pionera y probablemente evite mucha litigiosidad en el futuro o facilite muchísimo el trabajo de los propios juzgados al identificar exactamente cuáles han sido los contenidos vulnerados.

P. Los agoreros dicen que con tanta regulación, Europa puede perder la carrera de la IA frente a EE UU o China

R. Si la intervención estatal o la regulación tuvieran un elemento decisivo en cuanto al desarrollo tecnológico, entonces en China no tendríamos inteligencia artificial, y se da la circunstancia de que invierten en este momento y desarrollan modelos entre 15 y 20 veces de lo que está haciendo la UE. En segundo lugar, nosotros estamos muy por detrás de Estados Unidos y de China, y de algunos otros lugares, pero fundamentalmente de Estados Unidos y de China, sin que hubiera ninguna ley; es decir, no parece que este haya sido el elemento decisivo para poder percibir si hay desarrollo tecnológico o no. Yo creo que esto depende fundamentalmente de que pongamos los recursos que se necesitan para poder desarrollar modelos propios, y de que seamos capaces también, y esto también es un mensaje para los Estados miembros, de colaborar, de cooperar, porque no tenemos el músculo necesario, individualmente, para poder competir en el exterior. Y mientras, tendremos un esquema regulatorio que va a proteger nuestros propios principios, nuestros propios derechos, y al mismo tiempo que va a ahormar el mercado más de acuerdo con nuestros propios intereses.

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