El año 2025 estuvo marcado por un aumento sostenido del costo de vida en Guatemala, reflejado en el encarecimiento de los alimentos y de los bienes esenciales. Las cifras oficiales confirman que tanto en áreas urbanas como rurales, las familias enfrentaron mayores presiones económicas para cubrir sus necesidades básicas.
A lo largo de 2025, la evolución de los precios en Guatemala mostró un incremento constante que incidió de forma directa en el presupuesto familiar. Los datos del Instituto Nacional de Estadística indican que el valor de la Canasta Básica Alimentaria y de la Canasta Ampliada se elevó de manera continua entre enero y noviembre, lo que evidenció un encarecimiento sostenido del costo de vida. Aunque los porcentajes de variación puedan lucir moderados, su acumulación genera un impacto relevante, sobre todo en un entorno donde los ingresos no avanzan al mismo ritmo y se mantienen marcadas diferencias entre áreas urbanas y rurales.
Este panorama económico ha generado mayores complicaciones para las familias guatemaltecas, en especial para aquellas con recursos limitados que deben asignar una parte significativa de su presupuesto a la adquisición de alimentos y servicios básicos; examinar cómo evolucionan ambas canastas permite entender con mayor claridad la manera en que se reparte el efecto del alza de precios y qué elementos explican las variaciones territoriales registradas a lo largo del año.
Evolución de la canasta básica alimentaria en áreas urbanas y rurales
El comportamiento de la Canasta Básica Alimentaria (CBA) a lo largo de 2025 refleja con claridad la presión inflacionaria sobre los productos de consumo diario. Al inicio del año, el costo mensual per cápita de la canasta alimentaria en el área urbana se situaba en poco más de novecientos quetzales, mientras que en el área rural el monto era considerablemente menor. Esta diferencia responde a patrones de consumo distintos, así como a variaciones en los precios de ciertos productos entre regiones.
Con el paso de los meses, los precios de los alimentos básicos continuaron mostrando incrementos sostenidos. Para noviembre de 2025, el costo per cápita de la canasta urbana rebasó los novecientos veintiséis quetzales, mientras la canasta rural se situó por encima de los setecientos quince quetzales. En términos absolutos, esto representó un alza superior a los veinte quetzales en el ámbito urbano y de más de dieciséis quetzales en el entorno rural en comparación con los valores registrados en enero.
Desde una perspectiva porcentual, el incremento acumulado entre enero y noviembre fue similar en ambas áreas, con una variación cercana al 2.40% en zonas urbanas y al 2.35% en zonas rurales. Estas cifras confirman que el encarecimiento de los alimentos no fue un fenómeno aislado ni puntual, sino una tendencia sostenida a lo largo del año que afectó de manera generalizada a la población.
Diferencias de precios y brecha entre zonas urbanas y rurales
A lo largo de 2025 se mantuvo estable la diferencia de precios entre la Canasta Básica Alimentaria urbana y la rural, ya que desde comienzos del año alimentarse en las ciudades resultó considerablemente más costoso que en las zonas rurales, una brecha que no solo se sostuvo, sino que también se ensanchó levemente hacia el final del período estudiado.
En enero, la separación entre ambas canastas rebasaba los doscientos quetzales, mientras que en noviembre la diferencia rondaba los doscientos once quetzales, una variación que evidencia tanto el incremento en los precios de ciertos productos en áreas urbanas como la influencia de categorías como alimentos procesados, bebidas no alcohólicas y comidas consumidas fuera del hogar, cuyos costos suelen ser más altos en los entornos urbanos.
Aunque la canasta rural tenga un valor total más reducido, no se puede pasar por alto cómo la subida de precios repercute en estas zonas. En numerosas comunidades rurales, los ingresos medios resultan mucho más bajos, de modo que incluso alzas pequeñas en el precio de los alimentos pueden incidir de manera notable en la capacidad de las familias para atender sus necesidades esenciales.
Evolución de la canasta ampliada y cómo repercute en la vida de los hogares
Más allá de los alimentos, la evolución de la Canasta Ampliada ofrece una visión más completa del costo de vida en Guatemala. Esta canasta incluye, además de los productos alimentarios, otros bienes y servicios esenciales como transporte, vivienda, vestimenta, educación y salud, por lo que se utiliza como un indicador clave para la medición de la pobreza.
En enero de 2025, el costo mensual per cápita de la Canasta Ampliada en el área urbana superaba los dos mil ciento noventa quetzales, mientras que en el área rural se situaba por debajo de los mil cuatrocientos quetzales. Al llegar noviembre, ambos valores mostraron un aumento significativo, con la canasta urbana superando los dos mil doscientos cuarenta quetzales y la rural acercándose a los mil cuatrocientos diez quetzales.
En términos absolutos, el incremento registrado durante los once meses fue superior a los cincuenta quetzales en el área urbana y a los treinta y dos quetzales en el área rural. En términos porcentuales, el aumento fue equivalente al observado en la Canasta Básica Alimentaria, manteniéndose en torno al 2.40% en las ciudades y al 2.35% en el ámbito rural.
Este comportamiento demuestra que el aumento en el costo de vida no se restringió solo a los alimentos, sino que también se extendió a otros elementos esenciales del presupuesto familiar, intensificando así su efecto en los hogares con menores ingresos.
Aspectos metodológicos y entorno económico
El cálculo de la Canasta Ampliada se basa en el coeficiente de Orshansky, derivado de la Encuesta Nacional de Ingresos y Gastos de los Hogares 2022-2023. Este enfoque permite estimar el costo de los bienes y servicios no alimentarios a partir del gasto en alimentos, ofreciendo una referencia estándar para el análisis de la pobreza y el bienestar económico.
Desde una perspectiva comparativa, los datos muestran que, aunque los incrementos porcentuales fueron ligeramente mayores en el área urbana, el efecto relativo en las zonas rurales puede ser más severo. Esto se debe a que los ingresos en el área rural suelen ser más bajos y menos estables, lo que reduce el margen de maniobra de las familias frente a aumentos de precios.
Un ejemplo claro de esta situación se observa en la estructura del salario mínimo en Guatemala, que se divide en dos circunscripciones. En la segunda, que abarca la mayoría de los departamentos del país excepto el de Guatemala, los salarios mínimos en sectores como el agrícola, no agrícola y maquila son más bajos. Esta diferencia salarial, combinada con el aumento del costo de vida, agrava las condiciones económicas de amplios segmentos de la población rural.
Artículos y sectores que propiciaron el alza de los precios
El análisis detallado de los datos del Instituto Nacional de Estadística revela que una parte importante del incremento en la Canasta Básica Alimentaria estuvo asociada a variaciones en los precios de ciertos grupos de productos. Entre los rubros que más incidieron se encuentran los vegetales, las bebidas no alcohólicas y las comidas fuera del hogar, tanto en el ámbito urbano como en el rural.
Estos incrementos se originan por múltiples razones, entre ellas los gastos de producción, el transporte, las variaciones climáticas y los movimientos en la oferta y la demanda. En cuanto a las comidas consumidas fuera del hogar, su presencia más significativa en las áreas urbanas contribuye parcialmente a que la diferencia entre la canasta urbana y la rural se haya ampliado.
El encarecimiento de estos productos tiene un impacto directo en la dieta y en las decisiones de consumo de las familias, que en muchos casos se ven obligadas a reducir la variedad o la calidad de los alimentos para ajustarse a presupuestos cada vez más limitados.
Panorama general del costo de vida en 2025
La comparación de los datos registrados entre enero y noviembre de 2025 evidencia que el costo de vida en Guatemala mantuvo un incremento constante a lo largo del año, y aunque las variaciones no resultaron drásticas, su efecto acumulado impone una carga persistente sobre los hogares, en especial sobre aquellos que ya afrontaban condiciones de fragilidad económica.
El incremento simultáneo de la Canasta Básica Alimentaria y de la Canasta Ampliada refleja que las familias afrontaron no solo un alza en los costos de los alimentos, sino también en diversos bienes y servicios indispensables, una realidad que genera retos relevantes para la política pública al remarcar la urgencia de implementar acciones que resguarden el poder adquisitivo de los hogares y atenúen las desigualdades entre regiones.
En un contexto marcado por desigualdades territoriales y salariales, el seguimiento continuo del comportamiento de los precios se vuelve fundamental para comprender la evolución del bienestar de la población. Los datos de 2025 dejan claro que, más allá de las cifras, el aumento del costo de vida es una realidad cotidiana para millones de guatemaltecos, que deben ajustar sus hábitos y prioridades para hacer frente a un entorno económico cada vez más exigente.

