domingo, abril 21

Mitsotakis y Erdogan buscan recomponer su relación con la firma de 15 acuerdos | Internacional

Kyriakos Mitsotakis y Tayyip Erdogan
El primer ministro griego, Kyriakos Mitsotakis, y el presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, sonríen tras firmar una declaración conjunta, este jueves en Atenas.GREEK PRIME MINISTER’S OFFICE (Via REUTERS)

El presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, y el primer ministro griego, Kyriakos Mitsotakis, han protagonizado este jueves un encuentro que ha concluido con el establecimiento de una hoja de ruta diseñada para estrechar los lazos entre sus dos países, tradicionalmente enfrentados. Durante el encuentro, ambos mandatarios han firmado acuerdos en 15 áreas, entre ellas el sector energético, la educación, el turismo, el desarrollo rural, la economía y las obras públicas. La intención es fortalecer la cooperación bilateral para “aumentar la prosperidad regional” en un ambiente de amistad y confianza mutua que busca dejar atrás tensiones pasadas.

Grecia y Turquía son dos países con múltiples similitudes culturales, pero también con numerosos frentes abiertos: Atenas pretende ampliar sus aguas territoriales, lo que es calificado como casus belli por Ankara; la minoría musulmana de Grecia —de etnia turca— es motivo de discusión; el conflicto de Chipre continúa abierto; hay varios islotes del mar Egeo en disputa; Grecia ha sido refugio para militantes del movimiento de liberación kurdo y otros disidentes turcos; los sectores religiosos más ultras de ambos países expresan reproches a menudo. Y a esos temas enquistados en el último lustro se han sumado controversias por gaseoductos, el exilio de militares turcos golpistas en Grecia y la gestión de las políticas migratorias.

“La geografía y la historia nos colocaron en el mismo vecindario. Las circunstancias nos enfrentaron en diversas ocasiones. Aunque hay voces discordantes en ambos países sobre este enfoque, siento una deuda histórica al trabajar para acercar a ambas naciones. Hemos logrado restablecer nuestras relaciones hacia aguas más serenas. Hoy, mi mirada está puesta en el futuro”, ha dicho el primer ministro griego. “Somos dos países vecinos que compartimos el mismo mar, la misma geografía y la misma cultura en muchas áreas. Es natural que haya problemas entre dos países, y mucho más entre hermanos. Queremos convertir el Egeo en un mar de paz y cooperación, y ser un ejemplo para el mundo”, ha respondido el turco.

A pesar del esfuerzo por mostrar simpatías mutuas, Mitsotakis y Erdogan no han podido disimular que hay temas en los que el entendimiento se antoja lejano. “Estamos en desacuerdo sobre la cuestión de Chipre”, ha declarado Mitsotakis, en referencia a la ocupación turca del norte de esa isla.

La reunión bilateral no ha tenido lugar en el aniversario de la primera visita de Erdogan a Atenas por un día de diferencia. El 8 de diciembre de 2017 el turco se reunió en el mismo lugar con el entonces primer ministro, Alexis Tsipras. Pero el tono de ambos encuentros ha sido distinto. En aquella ocasión, lo primero que hizo Erdogan al llegar a Grecia fue cuestionar la validez del Tratado de Lausana, el acuerdo de 1923 que delimita las fronteras de Grecia y Turquía. El primer ministro y el presidente de la república helena no quisieron disimular la incomodidad por las palabras de Erdogan. Aquella visita no sirvió para acercar posturas, sino para lanzar reproches.

Seis años más tarde, todo ha sido diferente. Ahora que Turquía acentúa su independencia respecto a la OTAN y se distancia de sus aliados tradicionales, Erdogan ha decidido mostrar cercanía con su vecino. Ambos gobiernos han aparcado los temas más incómodos para intensificar las relaciones a través de mecanismos institucionales existentes y cultivar la solidaridad para enfrentar los desafíos comunes sin que las posiciones preexistentes interfieran negativamente.

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El punto más importante de lo acordado es la construcción de confianza militar. “Amigo Kyriakos, nosotros no te amenazaremos si tú no nos amenazas” declaró el presidente turco a Kathimerini, el principal diario conservador griego, la víspera de la visita. Erdogan ha agradecido públicamente el desalojo de Lavrio, el campo de refugiados más antiguo de Europa, creado en 1947 y que fue clausurado el pasado abril tras pasar un lustro gestionado por organizaciones kurdas que Turquía considera terroristas. Otro objetivo conjunto es aumentar el volumen de comercio bilateral de 5.000 millones de dólares (4.630 millones de euros) a 10.000 millones.

Mitsotakis también ha afirmado que las reuniones con su vecino turco continuarán, entre otros propósitos, para demarcar las plataformas continentales y las correspondientes zonas económicas exclusivas (ZEE) de cada país. Estas zonas son susceptibles de albergar reservas de petróleo o gas; de hecho, uno de los mayores hallazgos de gas natural del mundo se produjo hace unos años en la cuenca oriental del Mediterráneo. Turquía y Grecia estuvieron al borde de la guerra en los años noventa, y la disputa sobre los recursos energéticos del Mediterráneo ha sido una constante en sus relaciones.

Mitsotakis y Erdogan se han emplazado para la siguiente reunión bilateral, que previsiblemente tendrá lugar en Ankara la próxima primavera.

Reunión paralela

La cumbre bilateral también ha dado lugar a una reunión sobre políticas migratorias entre el ministro de Inmigración griego, Dimitris Kairides, el ministro del Interior griego, Yiannis Oikonomou, el titular de Transporte Marítimo, Jristos StIlianidis, y el del Interior turco, Ali Gerlikaya. También han estado presentes los jefes de las guardias costeras de los dos países. El Ministerio del Interior turco publica cada día un informe en el que detalla la cantidad, la nacionalidad y el tipo de embarcación en el que son rescatados los migrantes que Grecia expulsa de manera ilegal mediante devoluciones en caliente, una práctica que Atenas niega y que Ankara se encarga de publicitar.

Otra de las decisiones adoptadas ha sido la de abrir una línea de comunicación directa las 24 horas, algo que satisface las demandas de Grecia. Mitsotakis, en la rueda de prensa conjunta, ha alabado la labor de Turquía y ha asegurado que se está produciendo una “reducción significativa de los flujos migratorios gracias a la vigilancia de las fronteras y a la mayor cooperación de las autoridades de los dos Estados”. Los números desmienten sus palabras. La reducción de llegadas no existe, pues han pasado de 12.700 de 2022 a casi 37.000 en lo que va de 2023, y aún sería más evidente si Grecia no expulsara en caliente a miles de migrantes, como constata la propia Turquía. Hasta noviembre de 2023 se han registrado 31.132 expulsiones irregulares, 4.000 más que en 2022, según datos de la Agencia de la ONU para los Refugiados (Acnur).

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